Ayer te vi, el aterdecer caía sobre tu espalda, creando sombras en cada relieve, un juego de texturas inolvidables entre tu piel, tintas y ropa. A lo lejos la oscuridad se asomaba, tu quedaste observando la nada, acaso tu mente volaba? O era el deseo de ver más allá de lo que tus ojos lograban? Entre mi curiosidad las estrellas se acercaban, tu cuerpo inmóvil hacia mi danzaba. Por ti fui, como un impulso a flor de piel, logrando interrumpir tu contemplo. Respirabas en un tono suave, mi mente se llenó de palabras que no aprendo a decir, me detuve en tu cuerpo sin elegir. Noté mis dedos perdiéndose en cada deseo, conectabas nuestras miradas y se iluminaban. Tus manos rebeldes presionaron mi cintura hasta el encuentro de nuestra piel, un fuego quemaba mis labios, pero me perdí en el tacto de tu pelo desafiando al silencio, al tiempo y los leves movimientos. Como si una corriente nos llevara, nos encontramos en un sin fin de pensamientos, me perdí en tu boca y por ese eterno, pero breve instante, olvidé tu ropa.
M.
miércoles, 26 de agosto de 2015
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