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martes, 19 de abril de 2011

Ironía


Una simple carta con su aroma, con palabras entrecruzadas que revuelven el remordimiento, crea esa sensación de vacío, de lejano, sin encontrar respuestas a este dolor, donde el amor y la traición se mezclan para convertirse en veneno, que quema como el fuego los sentimientos y el corazón.
Sus ojos, oscuros como su alma, me transmiten confusión, entre ese amor infinito que siempre le tuve y el odio por su error. Siento que caigo al abismo interminable de la duda, donde solo el tiempo las aclarará u obscurecerá y marcará el camino que debo seguir, mientras que esta soledad solo pide a gritos sus brazos que no sé si esperarán a este cuerpo sin fuerzas.
¿Qué es el amor? Me lo pregunto cada día, ya lo veo tan difuso entre la niebla, que no logro entender si es parte de la realidad o simplemente una ilusión óptica.
Vuelvo a la imagen de los momentos en que todo era distinto, o por lo menos así creía que lo era, porque vivía en ese momento de tanto esplendor pero al mismo tiempo tan traidor, momento que hubiera sido aún más feliz si era puro, verdadero, si él hubiera sido una sola persona, si yo hubiera sido única para él. Lágrimas caen en cada letra imprenta, en las rayas de sus hojas, en su perfume, donde finalmente forma una mancha a la que tal vez podría llamarla por su nombre, porque es tan oscura, cambia según van cayendo las gotas y hace que la palabra escrita se vea tan borrosa que todo ese sacrificio por escribirla haya sido en vano.
Qué ironía era pensar en un futuro ideal si el presente no lo hiciste perfecto.

M.

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