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viernes, 18 de octubre de 2013

El lado oscuro de la luna

No se puede ser egoista cuando mismo la vida te da todo, te quita algunas cosas, te regala otras, te deja recuerdos, enseñanzas, caminos, risas y lágrimas.
Cuando uno escribe deja plasmado un momento en un tiempo que ya pasó y cuando se lee es como si mirase fotografias pero con la posibilidad de mover algún que otro mueble las veces y de las maneras que quiera. Esa versatilidad que te da la libre interpretación, de maneras profundas o superfluas hace que siempre encuentres algo nuevo. Así es la vida, vas moviendo las fichas y jugando, apostando, perdiendo y ganando. Esa aventura, ese viaje que crea mundos que empiezan y terminan iguales, todo tiene su ciclo.
Uno va zigzagueando perdido, esquivando gente, contemplando el paisaje, buscando y encontrando con los ojos bien abiertos viendo cada detalle y ahí está un espejo que solo nos hace ver una parte de nosotros y en eso descubrimos y nos perdemos en lo que no llegamos a ver porque no se refleja, no es algo que conozcamos y es probable que tampoco sepamos aceptarlo con esa ambición de querer verlo todo y sin aprovechar la virtud que tiene, que es poder encontrar grandes cosas en la parte que si se ve.

M.

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